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Un martes de actualizaciones y copias: el trabajo que evita la llamada del viernes

19 Septiembre 2026
Miguel Urquizo
Pantalla de terminal reflejada en una taza de café sobre una mesa de madera en una oficina temprano

Lo que hacemos los martes por la mañana no sale en ninguna presentación. No hay nada que enseñar, no queda bonito en una foto y el resultado de que salga bien es que no pasa absolutamente nada. Es, con diferencia, la parte del trabajo que más disgustos evita. Esto es cómo es en realidad.

Ocho y cuarto, la lista

Antes de tocar nada se mira el panel donde están todas las webs que llevamos y lo que cada una pide esta semana. Nunca se actualizan todas a la vez ni el mismo día, y hay un orden: primero las que tienen parche de seguridad, después las de mejora de funcionamiento, al final las cosméticas. Las que tienen campaña activa esa semana se posponen salvo que el parche sea de seguridad.

Nueve, copia antes de tocar

La regla que no se salta nunca: copia completa antes de cada actualización, verificada, y con la anotación de a qué hora se hizo. Es la diferencia entre un susto de diez minutos y una tarde entera de reconstrucción. Las prisas en este paso son las que crean el trabajo de después.

Nueve y media, la parte aburrida

Se actualiza en un entorno de pruebas cuando la web es lo bastante crítica, y directamente cuando no lo es. Después toca la parte que nadie enseña: entrar y comprobar a mano. Que el menú sigue igual, que las imágenes cargan, que el idioma no ha saltado, y sobre todo que los formularios envían y el correo llega. Se prueban desde fuera, con una dirección que no sea la de la casa.

Aproximadamente una de cada diez actualizaciones rompe algo pequeño. Casi siempre es una extensión que no se lleva bien con la nueva versión. Se detecta en esos cinco minutos de comprobación o lo detecta un cliente dentro de tres semanas, cuando ya nadie recuerda qué se tocó. Esa es toda la diferencia.

Once, lo que se anota

Qué se actualizó, qué se rompió, qué se arregló y qué queda pendiente. Suena burocrático hasta el día que hay que explicar por qué algo cambió, o hasta que entra una persona nueva al equipo y necesita saber la historia de esa web sin preguntarle a nadie.

Por qué contamos esto

Porque el mantenimiento se vende mal precisamente por esto: no se ve. Una web nueva se enseña, un rediseño se presenta, pero un martes en el que se actualizaron once webs y no se cayó ninguna no se puede enseñar en ningún sitio. Y sin embargo es lo que hace que el viernes a las siete de la tarde no suene el teléfono.

La llamada del viernes existe, hemos estado al otro lado. Casi siempre es alguien que no tenía mantenimiento, que no sabe cuándo se actualizó su web por última vez y que no está seguro de si hay copia. Esa conversación dura mucho más que un martes por la mañana.

Qué te llevas de esto

Si tienes mantenimiento contratado, pregunta cuándo fue la última actualización y cuándo se probó la última restauración de copia. Las dos respuestas deberían ser rápidas y concretas. Si tardan en contestarte, ya sabes qué tipo de martes tienen.

Así trabajamos el mantenimiento web en Evoluzziona, con informe mensual de lo que se ha tocado. Sin misterio y sin épica.