Una mañana de fotos en el taller de un cliente
Una mañana de martes, nave industrial, ocho grados dentro y una cámara. Vamos dos personas y volvemos con unas ciento veinte fotos, de las que servirán quince. Contamos cómo va una mañana así porque es la parte del marketing de contenidos que no se ve y es la que más se nota después, cuando alguien entra en la web y decide en cuatro segundos si esto le parece serio.
Lo primero es no estorbar
La regla número uno es que la producción no se para. Nadie posa, nadie se cambia de ropa y nadie repite una operación para la foto. Si el torno tiene que estar funcionando a las ocho, está funcionando a las ocho, y nosotros nos movemos alrededor. Esto no es solo educación, es lo que hace que la foto salga verdadera. Una persona colocada mirando a cámara con los brazos cruzados se reconoce a un kilómetro y comunica exactamente lo contrario de lo que quieres.
Qué buscamos
Cuatro cosas, siempre las mismas. Las manos trabajando, que es lo que transmite oficio sin necesidad de explicar nada. El detalle de la pieza, de cerca, porque ahí se ve la tolerancia y el acabado. El plano general de la nave, que responde a la pregunta silenciosa de "cuánta empresa hay detrás". Y el gesto entre dos personas, la conversación de treinta segundos delante de una máquina, que es lo que hace que se vea gente y no maquinaria sola.
Lo que no buscamos es la foto bonita de catálogo. Buscamos la foto que se pueda usar en un artículo, en una publicación de LinkedIn, en una propuesta y en la web, que son cuatro sitios con necesidades distintas.
La parte incómoda
Casi siempre pasa lo mismo al principio: la gente se siente rara. Los primeros veinte minutos las fotos no valen. Después alguien se olvida de la cámara porque tiene que sacar una pieza y ahí empieza el trabajo de verdad. Por eso una sesión útil no es de media hora, es de tres. La mayor parte del tiempo no se dispara, se espera.
También hay que acordar antes qué no se puede fotografiar. Casi todas las empresas tienen un cliente cuyo nombre no puede salir, un utillaje que no se enseña o una zona que no se abre. Eso se pregunta al llegar, no se descubre después.
Por qué no tiramos de banco de imágenes
Porque el banco de imágenes está lleno de talleres que no existen, con luz perfecta y gente demasiado limpia. Quien compra en industria lleva veinte años en esto y detecta la foto falsa antes de leer el titular. Y peor: hay una probabilidad real de que la misma foto esté en la web de tu competencia.
Hay una excepción honesta, y es cuando no hay nada que fotografiar todavía. En ese caso preferimos una ilustración o una imagen generada, bien hecha y declarada como tal, antes que una foto de archivo fingiendo ser vuestra realidad.
Qué te llevas de esto
Si tienes una empresa con taller, obra, almacén o cocina, ya tienes el mejor material de marketing que vas a conseguir, y está a treinta metros de tu mesa. No hace falta una producción: una mañana bien aprovechada da fotos para seis meses de publicaciones.
Así trabajamos el marketing de contenidos en Evoluzziona, con material de dentro de la empresa, y así alimentamos después la gestión de redes sociales. Si te apetece que vayamos una mañana a la tuya, dilo y lo cuadramos.