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Tienda propia, marketplace o vender por redes: cuándo compensa cada uno

14 Octubre 2026
Miguel Urquizo
Tres cajas de cartón de tamaños distintos sobre un mostrador con una iluminada

Las tres opciones funcionan y las tres se pueden combinar. Lo que cambia entre ellas no es solo cuánto te llevas de cada venta, es de quién es el cliente cuando la venta termina. Vamos con los números encima de la mesa.

El marketplace: tráfico prestado

Lo que compras aquí es visibilidad inmediata. Hay gente buscando tu producto ahora mismo y no tienes que traerla tú, que es exactamente lo caro y lo lento de montar por tu cuenta.

Lo que pagas por eso, en los grandes marketplaces, suele moverse entre el ocho y el quince por ciento del precio de venta según la categoría, más una cuota mensual si vendes con plan profesional, más los costes logísticos si además usas su almacén. Conviene calcularlo sobre tu producto concreto y no sobre la media, porque la horquilla por categoría es enorme.

Y hay un coste que no aparece en la factura: el cliente no es tuyo. No tienes su correo, no sabes qué más miró y no le puedes escribir el año que viene. Cuando dejes de vender ahí, esa relación se queda dentro.

Vender por redes: barato de empezar, caro de sostener

Publicar el producto, contestar por mensaje directo, cobrar por transferencia o por un enlace de pago. Sin comisión de plataforma y sin desarrollo. Para empezar a validar si algo se vende, es imbatible.

El coste aquí es de horas. Cada venta es una conversación, y una conversación son entre cinco y quince minutos de alguien de tu equipo. Cincuenta pedidos al mes son entre cuatro y doce horas contestando lo mismo. Además no hay carrito, ni seguimiento, ni histórico ordenado, y el día que la red cambia el algoritmo o te cierra la cuenta pierdes el canal entero sin aviso.

Tienda propia: cara de arrancar, tuya para siempre

Aquí pagas el desarrollo, el hosting, el mantenimiento y la comisión de la pasarela de pago, que en tarjetas europeas suele rondar el uno y medio por ciento más unos céntimos por operación. Es, con diferencia, la comisión más baja de las tres.

Lo caro es traer a la gente, porque el tráfico lo pones tú: posicionamiento, contenido, campañas, tu base de clientes. Eso tarda meses en funcionar y es la razón por la que muchas tiendas propias mueren de éxito técnico y de silencio comercial.

A cambio te quedas con todo lo demás. El cliente, su correo, su histórico de compras, los datos de qué se mira y no se compra, la libertad de cambiar precios y de montar la promoción que quieras el día que quieras.

Cómo elegir sin equivocarte mucho

Si vendes un producto que la gente busca por nombre y compite por precio, el marketplace te va a dar volumen desde el primer mes y probablemente tengas que estar ahí.

Si tu producto necesita explicación, tiene margen decente o se compra por confianza en quién lo hace, la tienda propia compensa aunque tarde.

Si todavía no sabes si se vende, empieza por redes y no montes nada. Es la opción correcta más veces de las que se dice.

Qué te llevas de esto

La combinación que funciona en casi todas las pymes que vemos es usar el marketplace como escaparate de captación y la tienda propia como sitio donde acaba el cliente que repite. Vender ahí el primer pedido y recuperarlo para tu casa a partir del segundo.

Para decidirlo necesitas un solo número: cuánto te queda limpio en cada canal después de comisiones, portes y horas. En Evoluzziona lo calculamos con empresas de Donostia y de Gipuzkoa antes de recomendar nada, porque la respuesta cambia por completo según el margen de tu producto.

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