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Sanciones del Reglamento de IA: qué arriesga de verdad una pyme

16 Agosto 2026
Miguel Urquizo
Balanza de latón con un platillo navy pesado y un contrapeso ámbar pequeño

Las multas de la ley de IA asustan en titular: hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación mundial. Es la cifra que ha circulado por todas partes y la que ha dejado a muchos empresarios pequeños con la sensación de estar a un descuido de la ruina. Conviene bajar el titular al suelo y mirar qué arriesga de verdad una pyme.

De dónde salen esas cifras

El Reglamento fija un techo sancionador escalonado según la gravedad. Las cuantías más altas, las de decenas de millones o porcentajes de facturación mundial, están reservadas a las infracciones más graves, como emplear prácticas de IA directamente prohibidas. Son el tope máximo de una escala, no el importe de una multa cualquiera.

El régimen de sanciones está en vigor desde el 2 de agosto de 2026. Y aquí conviene ser preciso: sanciona el incumplimiento de lo que ya es obligatorio hoy, sobre todo la transparencia del artículo 50 y las prácticas prohibidas. Las obligaciones de los sistemas de alto riesgo del Anexo III no se aplican todavía, llegan el 2 de diciembre de 2027, así que hoy no hay sanción posible por ellas.

Por qué la proporcionalidad importa

El propio Reglamento obliga a que las sanciones sean efectivas, proporcionadas y disuasorias, y a tener en cuenta el tamaño de la empresa y sus recursos. Incluye además una previsión expresa de trato proporcionado para pymes y start-ups. Traducido: el marco no está diseñado para arruinar a un taller de veinte personas por no haber puesto un aviso en su chatbot.

En España el supervisor es la AESIA, la agencia con sede en A Coruña. Su primer trabajo es ordenar y acompañar, no salir a cazar pymes.

El riesgo real de una pyme con cabeza

Si tu uso de IA es un chatbot de atención, generación de contenido y algo de automatización interna, estás en el terreno de la transparencia. El riesgo real no es una multa millonaria, es doble y más terrenal: una reclamación de un cliente que se sintió engañado, y la pérdida de confianza que eso deja.

Ese riesgo se neutraliza con cuatro cosas: avisar de que el chatbot es una IA, etiquetar el contenido generado, tener listado dónde usas IA y poder explicarlo si alguien pregunta.

Ponerse en regla es orden, no dinero

Casi todo lo que exige el Reglamento a una empresa pequeña es documentación y avisos. Cuesta unas horas de orden, no una inversión. Y hacerlo con calma ahora es bastante más barato que hacerlo con prisa cuando llegue una consulta incómoda.

El miedo no es la respuesta. Saber qué te aplica a ti, sí. En Evoluzziona revisamos tu caso concreto y te decimos qué te toca, con qué fecha y qué no te toca en absoluto.